Perros con miedos: aprende a ayudarles a ser seguros

martes, 22 de abril de 2014

Ya hace mucho tiempo que no comentaba nada de la perra, de como llevábamos su educación y de cómo se encontraba. Como ahora estamos viendo grandes mejoras gracias a que me puse en serio, me apetece contar nuestra experiencia por si le puede servir a alguien y que su compañero fiel esté más a gusto.

Lo más importante antes de empezar es cumplir unas normas básicas. En marzo del año pasado redacté el manual básico para tratar a un perro, que aunque algunas cosas no las pienso exactamente igual, es un buen punto de partida para casos extremos.

Tanto con las personas como con los perros hay que utilizar el refuerzo positivo. Ya lo decía Bettie en su blog en relación a los humanos, pero es aplicable a los demás animales. Si os interesa ampliar conocimientos sobre los perros en este aspecto, os recomiendo que visitéis CalmaDogs.

Gracias a su última entrada se me encendió del chip de mi cabeza. Todo lo que intentábamos hacer con la perra, que aún así mejoramos mucho, no servía de nada si seguíamos andando deprisa por la calle. Así que decidí que íbamos a ir despacio. Sabía que requería mucha paciencia, pero después de todo lo que habíamos pasado, ya tenía mucha.

Para empezar, salir por la puerta de casa tranquilas. Pararnos varias veces, en cada punto de bajar escaleras, hasta abrir el portal a la calle. Ya nos lo dijo el educador en su día, pero de otra manera por así decirlo. Era que si ella quería parar, que parásemos, el problema es que ella siempre bajaba a toda prisa hasta abajo.

En la calle igual, si empezaba a andar deprisa, sin ni siquiera oler nada, parar otra vez. Quedarnos ahí quietas un rato, hasta que fijándome en su lenguaje corporal, parecía un poco más tranquila. Si volvía a estirar, pues repetíamos el proceso.

Ya os digo que los primeros días los paseos fueron de 1 hora y media cada uno, cuando realmente dábamos la vuelta a 3 calles. Pero la verdad es que aguantando, con mucha paciencia y ayudándola a ella también con premios, su mejoría ha sido increíble.

Se pone un poco tonta cuando llueve o va a llover (huele la humedad en el aire la tía), pero es ir poco a poco y dejándola a su ritmo. Si hay que volver al portal sin haber hecho ninguna necesidad, se vuelve. Que se relaje un poco en el refugio del edificio y luego intentar que vuelva a salir.

Gracias a esto, ahora ya prácticamente no le ladra a ningún perro. Los ve y si no quiere saber nada, pasa de largo. Es importante en este aspecto fijarse en su lenguaje corporal. Si notáis que el perro necesita más espacio, ayudadle alejándoos de la zona.


Ayer pasaron tres cosas que os voy a contar a continuación, para que veáis lo importante que es todo esto:

1. Un perro se puede asustar, pero debe saber reaccionar por si solo. 

Paseábamos por una calle estrecha y me fijé que una mujer cruzaba para tirar la basura. No me había dado cuenta de que también llevaba perro, así que de repente nos apareció en los morros un perro algo más pequeño que ella.

Las dos nos asustamos a la vez, yo ya pensé "Mierda, se va a volver loca", pero no pasó nada. Se quedó oliendo al perro en la poca distancia que había. Se fueron para adelante, yo esperé un poco y seguí detrás suyo. De repente veo que la perra se para y me mira,  entendí que no quería ir por ahí, así que cruzamos de acera.

El resultado fue genial, porque en ningún momento ladró ni me estiró. Todos contentos :)

2. Un perro debe decidir sus relaciones, no lo hagas tú por él.

Los perros tienen su ritual de socialización y acercamiento a otro miembro de su especie. Debes conocerlo y respetarlo, fijarte en su lenguaje corporal y ayudarlo si la situación le supera. Lo que no puedes hacer es llevarlo con la correa hasta otro perro, cuando te está señalando que no quiere saber nada del otro perro.

Después de encontrarme con el perro de arriba, me topé con un chico con su perro. Ella una vez los habíamos pasado, se giró a olisquearlo así a lo lejos. El otro perro pasaba del tema, pero el dueño nos vio y quiso acercar a su perro. Seguía con la cara girada de que no quería saber nada, pero el chico siguió insistiendo.

Lo que pasó fue que el perro se puso nervioso. Pasó de ser muy tranquilo a ser un perro muy inquieto y que aparentemente quería jugar. Acabamos con las correas enrolladas, porque mi perra huía con la cola gacha. Ya la guinda del pastel fue que el chico fue con toda la mano abierta a acariciar a la perra desde arriba en su cabeza.

De verdad que eso es lo último que deberías hacer para acariciar a un perro, menos cuando está relacionándose con otro perro. ¿Qué hizo ella? Dar un salto hacia atrás con la cola gacha. Ya he perdido la cuenta de las veces que me ha pasado lo mismo con otras personas.

¿Qué consiguió el chico? Que la perra acabara nerviosa perdida ladrándoles a los dos. El perro se volvió a acercar y ella le ladró ya con toda su mala hostia, porque quería que la dejaran en paz. Nos fuimos hacia adelante, un poco deprisa y yo la dejé porque me estaba cabreando también, y el chico aún seguía diciendo "¡Ai, qué majica!".

Gracias chico por ayudar tan bien en la relajación de mi perra. Lo peor es que no se enteró absolutamente de nada.

3. Cuando un perro está relajado, sus miedos disminuyen considerablemente.

De lo nerviosa que estaba mi perra, llevaba unos días que cada vez que veía una moto le ladraba. No lo había hecho nunca y me tenía mosca. Esto era antes de empezar con estas pequeñas indicaciones. Ahora ya casi no lo hace, o incluso, es gracioso ver como ella misma se contiene y no les ladra.

Luego está el tema de las tormentas. Les cogió tanto miedo que ya solo con la lluvia o la humedad en el aire no quería salir de casa. Vamos reduciendo ese miedo hasta tal punto, de que ayer hubo una buena tormenta de las de truenos, y la señorita se quedó tranquilamente durmiendo detrás nuestro como si no pasara nada.

Poco me faltó para llorar de la emoción de verla así de tranquila.



En nuestro caso, no hemos dejado a la perra subirse a las camas o al sofá, hasta hace poco. Estaba yo un día un poco pocha y decidí tumbarme en la cama del cuarto del ordenador. No sé porque, quise que estuviera conmigo y le puse una toalla encima para dejarla subir. Aún diciéndole que subiera, solo subía las patas de delante, le costó decidirse. Más maja ella ^-^

De vez en cuando vuelvo a poner la toalla y como ya lo sabe, enseguida la tengo a mi lado esperando que le diga de subir. Lo gracioso es que le gusta más estar ahí si estoy yo también. Es tan buena que hasta que no se lo dices no sube. Si es que es un amor ♥


Otra de las cosas curiosas es que nos pone el piso perdido de juguetes. Ella tiene un cajón de la cómoda solo para sus juguetes (el de abajo de todo). Lo dejas abierto y si tiene ganas de jugar, los acaba sacando todos. Igualita que un niño pequeño, que lo saca todo y solo juega con una cosa.

Es una divertida manera para que juegue cuando le apetezca y tenga que trabajar un poco para conseguir los juguetes. Ya solo falta enseñarle que los vuelva a recoger, pero eso creo que será más difícil :)

Como apunte final decir que hay que dejar a los perros ser perros, en lo máximo que podamos, que es como más felices van a ser ellos y nosotros. Por ejemplo, son carroñeros por su naturaleza y les encanta buscar comida. Ese es uno de los puntos que modificaría en el manual básico, porque la he dejado comer alguna que otra cosa en la calle, pero también teniendo un poco de vigilancia.


2 comentarios :

  1. Muy buenos consejos guapa los voy a poner en practica con mi perrita, besitos

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    Respuestas
    1. Muchas gracias! ♥
      Seguro que estará más contenta :)

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Muchas gracias por pasarte a leer y comentar ^.^

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